Gestión emocional: aprender a estar con lo que sientes, sin huir

A menudo llegamos a consulta buscando la manera de eliminar una emoción: dejar de sentir tristeza, dejar de sentir rabia, dejar de sentir miedo. Es una búsqueda comprensible, porque estas emociones resultan incómodas. Pero la gestión emocional no consiste en eliminar lo que sentimos, sino en aprender a relacionarnos de otra forma con ello.

Las emociones tienen una función

Cada emoción cumple un propósito: el miedo nos protege, la tristeza nos invita a parar y procesar una pérdida, la rabia nos señala que algo importante para nosotros se ha visto vulnerado. Cuando intentamos evitar sistemáticamente sentir, no eliminamos la emoción, simplemente la posponemos, y suele volver con más fuerza.

De la evitación a la comprensión

Muchas de las estrategias que utilizamos para no sentir malestar (distraernos constantemente, evitar ciertas situaciones, minimizar lo que nos pasa) funcionan a corto plazo, pero a largo plazo mantienen el problema. Trabajar la gestión emocional implica aprender a identificar qué sientes, entender de dónde viene y encontrar formas más adaptativas de responder.

Herramientas que puedes empezar a practicar

Algunas prácticas sencillas, como poner nombre a lo que sientes, observar la emoción sin juzgarla o preguntarte qué necesita esa emoción de ti en este momento, pueden ser un buen punto de partida. En terapia profundizamos en estas herramientas y las adaptamos a tu situación concreta.

Aprender a gestionar tus emociones no significa dejar de sentir, sino dejar de tenerles miedo.

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